Alemanes que hacen historia/Frank-Walter Steinmeier

Carlos Jesús González -De acuerdo a los testimonios de quienes han trabajado con él, Frank-Walter Steinmeier –el nuevo Presidente Federal, quien este domingo 19 de marzo asume su cargo de manera oficial- es una persona abierta en el trato pero excesivamente reservada a la hora de abordar discusiones políticas. Adjetivos como fiel, trabajador, leal, moderado, perseverante, prudente y contenido son abundantes a la hora de describirlo.

Un rostro conocido 

Cada vez que se es mencionado en los medios, a Frank-Walter Steinmeier (Detmold, 5 de enero de 1956) se lo cita como el político más popular de Alemania, cuestión que no deja de ser un tanto irónica –en caso de rebuscar en la raíz de las palabras- en alguien que se ha manifestado como un rabioso anti-populista. Sin embargo, lo aseverado por la prensa y televisión germanos es muy cierto: el duodécimo presidente del país, elegido como tal en febrero pasado, es querido y respetado por la mayor parte de los alemanes. spanisch Ampliar imagen (© dpa/picture-alliance) Una prueba de ello podría hallarse en Internet, donde hay videos suyos en los que se lo ve recibido calurosamente por los habitantes de los distintos sitios de la geografía germana que visita, y en las encuestas realizadas entre los ciudadanos “de a pie” los comentarios elogiosos hacia su persona son los más frecuentes. Su figura, pues, es sinceramente apreciada por la población a la que representará a partir de este año.

No hay que olvidar, sin embargo, que el camino de este ex ministro de asuntos exteriores –lo fue de 2005 a 2009 y nuevamente de 2013 a 2017- no ha estado siempre pavimentado de fortuna y aceptación. Aún pesa en sus hombros la derrota sufrida en 2009 cuando, tras ser seleccionado como candidato a la cancillería por el Partido Social Demócrata (SPD- Sozialdemoktratische Partei Deutschlands) obtuvo apenas el 23 por ciento de las votaciones, el peor número que ha recabado dicho partido desde la Segunda Guerra Mundial. 

Es justo decir que buena parte del catastrófico resultado se debe a que Steinmeier frecuentemente ha sido catalogado como uno de los principales artífices de Agenda 2010, polémico y discutido paquete de reformas al que fue sometido el Estado benefactor alemán a principios de siglo, cuando Gerhard Schröder era canciller y Steinmeier fungía como jefe de la cancillería. Incluso hoy día hay quien cataloga a dichas reformas como un atentado contra los principios básicos sociales del pueblo alemán, mientras que otros aseguran que fue gracias a ellas que la economía pudo contener los embistes de la crisis mundial de 2008. En todo caso, el presidente recién fungido ha dicho al respecto que “las diferencias entre pobres y ricos, mismas que han aumentado en el mundo y en Alemania, no son un resultado de las reformas sino un producto de la globalización”.

En cualquier caso, y más allá de la polémica surgida alrededor de su papel durante el gobierno de Schröder, los años posteriores al descalabro electoral no han hecho sino aumentar el prestigio de Frank-Walter Steinmeier como un hombre de agudo olfato político que a la vez es capaz de colocar los pies sobre la tierra y ponerse en la piel del otro. 

Una muestra de esto último tuvo lugar en 2010, cuando anunció que se retiraba temporalmente de la política para someterse a una operación en la que se le extirparía un riñón, mismo que donaría a su esposa en aras de ayudarle a superar un grave padecimiento renal. En el anuncio oficial que brindó al respecto no hay huellas de presunción ni mucho menos de intenciones panfletarias. Nervioso y con la voz quebrada, Steinmeier fue la viva imagen de un tipo cualquiera que no tiene una idea clara de los efectos que tendrán sus decisiones y en cuyo interior no existe lugar más que para el miedo. Es indudable que un suceso de esta envergadura –prácticamente inédito en el acontecer de un servidor público- marcó un punto de inflexión importante en la percepción que muchos alemanes guardaban con respecto a Steinmeier, y lo más seguro es que también tendría un impacto considerable en él mismo. Tal vez lo orientaría a cambiar –o reafirmar, según sea el caso- su visión de sí y mismo y del mundo. 

El nuevo presidente

De acuerdo a los testimonios de quienes han trabajado o convivido con él, Frank-Walter Steinmeier es una persona abierta en el trato pero excesivamente reservada a la hora de abordar discusiones políticas. Adjetivos como fiel, trabajador, leal, moderado, perseverante, prudente y contenido son abundantes a la hora de describirlo. En todo caso, está claro que el nuevo presidente de Alemania no es un individuo que peque de extrovertido ni mucho menos es de los que dicen lo primero que se les cruza por la cabeza. Sin embargo, la actitud relajada que muestra de tanto en tanto y la facilidad con la que suelta risas escandalosas revelan que tampoco la seriedad encorsetada, tan común en el oficio, es un terreno en el que se mueve cómodamente. spanisch Ampliar imagen (© Photothek) En pocas palabras y si jugáramos a las analogías, podríamos decir que en su figura pueden hallarse rastros de la ligereza y simpatía de Walter Scheel, quien ocupara el cargo a mediados de los setentas, pero también algo de la sobriedad y sensatez impertérritas de su predecesor, Joachim Gauck, quien hizo de la solemnidad una obra de arte y cuyos zapatos serán difíciles de llenar.

Tal equilibrio de fuerzas es algo que, de hecho, es posible constatar en su carrera como líder del ministerio de asuntos exteriores. Vacunado contra males tan diseminados en nuestros tiempos como el protagonismo o la fanfarronada, Steinmeier es de los que no dice una sola palabra de lo que está pensando hasta que está absolutamente seguro de que aquello que expondrá tendrá un resultado positivo y, por tanto, habrá un avance consistente en el tablero diplomático. Tiene razón el periodista del Mittelbayerische Zeitung que señaló que “Steinmeier es la respuesta alemana a (Donald) Trump”,  y podría decirse lo mismo si el político citado hubiera sido Boris Johnson, puesto que el perfil del nuevo presidente justamente se ubica en las antípodas de los nombres mencionados, en resumen, en el lugar de quien prefiere la negociación a la imposición y la concesión moderada a la tozudez beligerante.

Aun así su llamémosla buena voluntad a la hora de negociar no debe confundirse con una actitud ingenua, pues Steinmeier no ha titubeado cuando llega la hora de alcanzar acuerdos. Sirva como ejemplo la “participación vital” que, en palabras de John Kerry –anterior secretario de estado de los Estados Unidos- el ex ministro alemán mantuvo durante la ronda de acuerdos para el pacto nuclear con Irán, o la mezcla exacta entre mesura e inflexibilidad que mostró en febrero de 2015, en uno de los puntos más álgidos del conflicto entre Ucrania y Rusia. 

En ese momento Steinmeier fue el principal operador de un urgente y maratónico encuentro –duró 17 horas- entre los líderes de Alemania, Rusia, Francia y Ucrania que culminó con los llamados “acuerdos de Minsk”, mismos que sirvieron para paliar las desavenencias en un momento especialmente delicado. Asimismo, Steinmeier no se ha ahorrado críticas a los partidos populistas de corte antieuropeísta, cuyo discurso en el Viejo Continente ha llegado a niveles preocupantes, ni tampoco cuando se ha tratado de opinar sobre un personaje tan controvertido como Donald Trump, a quien directamente ha calificado como un “predicador del odio”.

A manera de respuesta hacia todo lo que considera negativo en el panorama internacional, Steinmeier apeló al país al que representará a no guardar ningún miedo con respecto al futuro, “¿no es maravilloso que Alemania se haya convertido para muchas personas en el mundo como un ancla de esperanza?”, expresó en su discurso de aceptación del cargo. De acuerdo a los análisis de los expertos, su mensaje ha dado a Alemania las señales de estabilidad que necesita, sobre todo tomando en cuenta los retos al que el país y el continente entero se enfrentan tras el Brexit, y el desconcertante e impredecible nuevo orden que el planeta entero ha tomado luego de los resultados de las elecciones estadounidenses: “un presidente no puede hacer el mundo más simple, un presidente no es alguien que simplifica, sino alguien que provee confianza” dijo también, a manera de promesa.

El hijo del carpintero

Hace mucho, en un pequeña localidad ubicada en el Land de Renania del Norte-Westfalia, nació Frank-Walter Steinmeier. Gracias en buena medida a las reformas en educación impulsadas por Alemania Federal a inicios de la posguerra, Frank se convirtió en el primer miembro de su familia que logró terminar el Gymnasium para posteriormente cursar una carrera universitaria. spanisch Ampliar imagen (© Photothek) Por vocación o por moda o tal vez porque le pareció lo más correcto para el hijo de un carpintero al que todos en la comunidad reconocían por su inquebrantable fe en Dios y las mesas que surgían de su ingenio, Frank eligió estudiar derecho. A lo largo de esos años desarrolló también un gran amor por artes como la música, la literatura y la arquitectura. Y por la cocina, una pasión que cultiva hasta hoy.

En 1995 se casó con Elke Büdenbender, seis años menor, y apenas un año después nació la hija de ambos, Merit. Acostumbrado a los niños –durante sus estudios universitarios cuidó varias veces de los hijos de sus vecinos- Frank no tuvo grandes dificultades a la hora de asumir la paternidad y el rol de hombre de familia.

Con el transcurso del tiempo, Frank ingresó paulatinamente en el espectro político de Alemania. Aspectos natos de su personalidad como la lealtad, la mesura y la claridad a la hora de exponer sus ideas agradaron a un tal Gerhard Schröder, entonces –mediados de los noventas- ministro presidente del Land de la Baja Sajonia, quien lo invitó a integrarse a su grupo de trabajo.

Y el resto, ya se sabe, es historia.

 

Enlaces de interés:

https://www.youtube.com/watch?v=p1Ocs7hw3J0

https://www.youtube.com/watch?v=0ZiQi8OGcHM

https://www.youtube.com/watch?v=ocxgXB9-m-o

 

  Carlos Jesús González Ampliar imagen Carlos Jesús González (© Carlos Jesús González) Carlos Jesús González (twitter @CjChuy), en exclusiva para CAI, marzo 2017.

Carlos Jesús González. Periodista y escritor mexicano. Vive en Berlín desde 2006, donde labora como corresponsal de CAI y como colaborador free-lance de diferentes medios mexicanos y alemanes. Tiene un especial interés por los temas culturales y políticos. Es amante absoluto del cine, la literatura y la agitada vida berlinesa.

Alemanes que hacen historia/Retrato del nuevo presidente alemán

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