Amor, sexo y soledad en tiempos de apps #8: Relaciones de bolsillo

Paco Arteaga - Vivimos sumidos en un mundo confuso, colmado de señales equívocas, con tendencia a cambiar rápidamente y de maneras imprevisibles, en el que predomina la ausencia de vínculos inquebrantables y establecidos de por vida. Es lo que el sociólogo Zigmunt Bauman denomina “el habitante de nuestra moderna sociedad líquida”. O lo que es lo mismo: el habitante de Berlín.

En el mundo líquido de Bauman ninguna conexión tiene garantía de duración, pues la mayoría de sus pobladores se cuida muy mucho para establecer relaciones que nunca han de estar bien anudadas para que sea posible desatarlas cuando las circunstancias varíen. Con estas premisas Bauman trata de desentrañar, registrar y entender esa extraña fragilidad de los vínculos humanos, el sentimiento de inseguridad que esa fragilidad inspira y los deseos conflictivos que ese sentimiento despierta, provocando el impulso de estrechar los lazos, pero dejándolos al mismo tiempo semisueltos para poder desanudarlos...

La desesperación de sentirnos fácilmente descartables

De ahí precisamente surge la desesperación al sentirnos fácilmente descartables y temiendo ser una vez más abandonados, siempre ávidos de la seguridad que garantiza la unión imperecedera y de ese hombro servicial en el que poder apoyarnos en los momentos malos. De esta manera nos mostramos desesperados por tener relaciones y, sin embargo, desconfiamos continuamente del estar en una relación y particularmente del estar en una relación para siempre. El temor a que ese estado pueda convertirse en una carga y ocasione tensiones que no nos sentimos capaces ni deseosos de soportar se traduce simplemente en que no queramos por nada del mundo que nuestra libertad se vea severamente limitada hasta el punto de que pueda impedirnos seguir relacionándonos... spanisch Ampliar imagen (© Paco Arteaga) A finales de los noventa, cuando Daniel (hombre gay residente en Berlín) tenía veinte años, un amigo quince años mayor que él le comentó algo perturbador: “Yo no creo en la pareja”. Este amigo le contó que había conocido a un chico con el que se había ido una semana de viaje a Lanzarote, donde lo pasaron genial. Daniel se interesó por un posible futuro juntos, pero solo obtuvo aquella desconcertante respuesta. Esa frase visita su mente con cierta regularidad. ¿Qué querría decir? ¿Es la pareja, o ha sido siempre, una creencia, como una religión que supone una cuestión inquebrantable de fe? ¿Ha ido evolucionando el sentido del concepto de pareja o lo ha hecho únicamente en lo que afecta al significado de la fidelidad?

Las relaciones se han convertido en el tema del momento y el único juego que vale la pena jugar, y nunca mejor dicho. No hay medio de comunicación que no dedique columnas o artículos frecuentes a tratar el tema, aunque el nivel de complejidad de las relaciones es tan espeso, inaccesible y enigmático que rara vez conseguimos descifrarlo. Vivimos preocupados por averiguar cómo comernos la tarta y conservarla al mismo tiempo, cómo saborear únicamente las dulces delicias de las relaciones evitando los bocados más amargos, cómo lograr que las relaciones nos otorguen seguridad sin que la dependencia nos aplaste. Pero no hay consejo alguno que valga.

¿Es el compromiso una trampa?

Al echar un vistazo a las columnas sobre relaciones nos consolamos al comprobar que no estamos solos en nuestros solitarios esfuerzos por desentrañar esa encrucijada extenuante que son las relaciones. Así nos enteramos, según Bauman, de que podemos intentar establecer “relaciones de bolsillo” que se pueden sacar en caso de necesidad pero que también pueden volverse a enterrar en las profundidades del bolsillo cuando ya no son necesarias. O que las parejas abiertas tal vez sean loables por ser relaciones revolucionarias que han logrado hacer estallar la asfixiante burbuja de la pareja. Que las relaciones, como los coches, quizá deban ser sometidas de cuando en cuando a una revisión para determinar si pueden seguir funcionando. En resumen: somos conscientes de que el compromiso, y en especial el compromiso a largo plazo, es una trampa que el empeño de establecer relaciones debe a toda costa evitar.

Dicen que para encontrar a un príncipe hay que besar muchas ranas, que es precisamente lo que le ocurre a Carmen (mujer heterosexual residente en Berlín). Mientras se prepara para su próxima relación con la que le gustaría ser madre antes de que se le "pase al arroz" (las mujeres sensibles al reloj biológico comienzan a volverse histéricas cuando se les despierta el instinto materno a partir de los 35 años), se entretiene pasando caras en Tinder y quedando con tipos que desde la segunda cita suelen comunicarle, por si acaso ella estuviera acariciando tal posibilidad, que no buscan una relación estable. Berlín es una ciudad de singles en la que todos quieren probarlo todo y a todos. Pero ella se mantiene en sus convicciones: “La cuestión radica en encontrar a alguien que le dé sentido a la monogamia”.

Así planteado, las relaciones en Berlín se convierten en una sucesión de encuentros esporádicos y one night stands sucesivos con la misma persona, e incluso con otras, que se perpetúan convirtiéndose en peculiares relaciones más o menos prolongables en el tiempo pero sin lazos ni compromisos consistentes. Relaciones intermitentes sofocapasiones en las que se origina un extraño vínculo afectivo, queramos o no, aún por catalogar.

Una relación es como una inversión: primero cotiza al alza y luego decae

Para explicar la falta de compromiso vigente en las fugaces relaciones actuales, no resulta descabellado pensar que cuando estamos a punto de comprometernos, consciente o inconscientemente , quizá surja el planteamiento de que tal vez le estemos cerrando la puerta a otras posibilidades amorosas que podrían ser más satisfactorias y gratificantes, nuevas en definitiva, y sobre todo mejores, argumento que nos vendemos y compramos sin pestañear. Nos aferramos a que el compromiso a largo plazo no tiene sentido. A semejanza de otras inversiones, en las que primero las acciones cotizan al alza y luego caen. Así que el que quiera tener una relación o varias, será mejor que se mantenga en retaguardia...

Alberto (hombre gay residente en Berlín) comenzó una relación con Andreas (hombre gay residente en Berlín) hace seis meses. A los tres meses de estar juntos y tras efectuar la investigación histérica de rigor, Alberto descubrió en las redes sociales homosexuales que Andreas seguía activo en GayRomeo, lo cual le disgustó. Aunque tenía una cuenta en esa red, decidió registrarse con un nombre falso para localizarlo. Introdujo rango de edad, barrio, estatura y preferencias sexuales (leather & boots) y allí lo encontró. A él y a su última conexión de algunos días antes... Y tuvieron una amarga conversación una tarde de abril en el Clärchen Ballhaus de Mitte.

Relaciones: ¿dulce sueño o pesadilla?

A tenor de Bauman, en nuestro mundo de rampante individualización las relaciones son una bendición a medias. Oscilan entre un dulce sueño y una pesadilla, y no hay manera de determinar cuándo uno se convierte en la otra. Ambos avatares coexisten simultáneamente, aunque en niveles diferentes de conciencia. Tal y como señala este autor, la idea misma de “relación” es ciertamente confusa: transmite simultáneamente los placeres de la unión y los horrores del encierro. Es por eso que el término relación está evolucionando hacia el concepto liviano de conexión. Estar conectado o conectarse en lugar de relacionarse, teniendo en cuenta que las conexiones pueden cortarse a voluntad. spanisch Ampliar imagen (© dpa) Y Andreas no estaba dispuesto a desconectarse, a renunciar a esa y otras redes sociales enfocadas en el online y sex dating. Era aún muy pronto para determinar un futuro estable juntos, según argumentó. De hecho lo asemejó a la amputación de una mano y hasta se ofendió porque Alberto no tenía derecho a formularle tamaño sacrificio. Le explicó además que era imposible aislarse de las tentaciones, que por esa regla de tres tendría que cerrar también su perfil en Facebook, a través del cual, por lo visto, recibía más insinuaciones que mediante ninguna otra plataforma online, le especificó. Alberto no se sentía en disposición de elegir, estaba desesperado por tener una relación y compartirlo en Facebook y aceptó que Andreas no renunciaría a sus perfiles en apps para ligar, lo que se ha convertido en un lastre para su neurosis crónica.

Las contradicciones de Alberto

El paradigma de una relación se basa hoy día en no comprometerse ni exigir compromiso. La gente no quiere ni oír hablar de ataduras emocionales. Y así mantenemos todas las puertas abiertas permanentemente. Con la extraña no ya esperanza sino convicción de que cada relación futura será una versión mejorada de la anterior, contribuyendo a la continua agitación y alimentación de un círculo vicioso que no solo conduce al amor líquido, al placer instantáneo sino sobre todo a la insatisfacción permanente. Y cuanto más palpable es el desencanto más nos volcamos en seguir y seguir relacionándonos desechando amantes a las primeras de cambio.

Es por eso que mientras Alberto se empeña en construir una relación convencional con Andreas sin espacio para la infidelidad, al mismo tiempo se siente incómodo al verse privado de su libertad para relacionarse con otros chicos. Y si bien le exige a Andreas una relación cerrada, a veces no desaprovecha la tentación de dejarse arrastrar por algún escarceo ocasional con otro hombre cuando se le presenta “espontáneamente” —insiste en recalcar— la oportunidad. Se justifica argumentando el carácter casual de esos encuentros que no provoca ni persigue en las apps, pero ¿hay en realidad alguna diferencia?, ¿son esas infidelidades por ello más leves o menos perniciosas? Paco Arteaga Tacoronte Ampliar imagen Paco Arteaga Tacoronte (© Paco Arteaga Tacoronte) Paco Arteaga, en exclusiva para CAI , julio 2017. 

Paco Arteaga es periodista, fotoperiodista, proofreader y amateur perpetuo. Ha trabajado para revistas de moda, arte, tendencias y estilos de vida, agencias de noticias, de publicidad y de comunicación. Reside desde hace algunos años en Berlín, ciudad en la que —entre otros proyectos— ha cofundado Berlín Amateurs, donde también se las apaña como editor. Su blog personal www.berlinamateurs.com

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Amor, sexo y soledad

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Paco Arteaga - Una vez al mes, esta columna sobre amor, sexo, soledad y apps en Berlín se dispone a diseminar estas y otras cuestiones a través de las experiencias de ciertos personajes residentes en la capital alemana.