Seligenstadt: Ciudad bendecida por la Belleza

Carlos Jesús González - Dada su ubicación geográfica, se recomienda al viajero visitar Seligenstadt aprovechando su estancia en algunas de las ciudades importantes que la rodean. La más obvia de todas es sin duda Fráncfort del Meno (Frankfurt am Main), ciudad que suele estar incluida en la mayor parte de los recorridos turísticos por Alemania...

El origen de un nombre

Nada mejor para comenzar a hablar de Seligenstadt que remitirnos al origen de su nombre, el cual obedece a causas tan distintas como fascinantes. La primera versión, hallada de común en los libros, atañe tan espiritual apelativo al hecho de que el fundador de la ciudad, Einhard, biógrafo y hombre de confianza del emperador Carlomagno, hizo traer los restos de los mártires Marcellinus y Petrus a estas regiones. spanisch Ampliar imagen (© dpa) Fiel a su devoción, haría luego resguardar dichas reliquias en un templo que mandó construir para tal fin y que hoy se conoce como Einhardbasilika o Basílica de Einhard. Ello tendría lugar en 840, año en que tal sitio dejó de ser llamado Mulinheim para convertirse en Seligenstadt, “ciudad de los bendecidos”.

Un versión bastante menos pía pero que goza de mayor preferencia entre los habitantes de este poblado del Estado federado - Land en alemán- de Hesse, señala que Seligenstadt fue llamada así por razones por completo distintas. De acuerdo a la leyenda, Einhard se había enamorado de la mismísima hija de Carlomagno, Emma, quien aparentemente también correspondía a dicho sentimiento. 

Tanto fue así que un día la susodicha escapó –o fue robada, dependiendo de quien cuente la historia- para entregarse en cuerpo y alma a este amor prohibido. Pasaron los años y un día Carlomagno, quien viajaba constantemente, se vio obligado a pasar la noche en la entonces todavía llamada Mulinheim. Hambriento, pidió unos panquecillos que Emma, ahora convertida en cocinera de la pensión en la que se hospedaba el emperador, le preparó, y fue precisamente a partir del inconfundible sabor y aroma que poseían dichos panes que Carlomagno reconoció a la hija fugada. Acto seguido, la abrazó y pronunció las siguientes palabras: “Selig sei die Stadt gennant, da ich meine Tochter wieder fand!” (¡que la ciudad donde reencontré a mi hija sea llamada bendita!). Y así fue.

Bienvenida rodante

Dada su ubicación geográfica, se recomienda al viajero visitar Seligenstadt aprovechando su estancia en algunas de las ciudades importantes que la rodean. La más obvia de todas es sin duda Fráncfort del Meno (Frankfurt am Main), ciudad que suele estar incluida en la mayor parte de los recorridos turísticos por Alemania. spanisch Ampliar imagen (© dpa) De ser así, y si además se viaja en verano y se hace gala de una buena condición física, no hay que perder la oportunidad de cubrir los 21.5 Km que separan estos dos puntos montado en una bicicleta, de preferencia siguiendo la vertiente del río Meno. Si bien, tan pronto se llegue a la meta hay que apearse lo antes posible: Seligenstadt es una ciudad pequeña que no obstante debe saborearse con la misma calma que merece la degustación de los helados ofrecidos por la Maintor, heladería ubicada a un lado del río y que, junto a otra llamada Eis-Kaiser, posee una variada y deliciosa oferta de sabores.

La Basílica de Einhard

Apenas a unos cuantos pasos de este expendio de exquisitos postres se halla la ya mencionada Basílica de Einhard, uno de los monumentos infaltables para quien arriba a esta urbe de poco más de veinte mil habitantes que, para más datos, es uno de los trece pueblos y comunidades ubicados en el distrito de Offenbach. Lo primero que saltará a la vista será la tonalidad roja del templo, la cual responde al uso de la Buntsandstein (roca rojiza característica de la región) en su construcción. La entrada a la Iglesia, a saber la única que data de tiempos carolingios que sigue celebrando la liturgia, al menos al norte de los Alpes, se encuentra franqueada por dos imponentes figuras dedicadas a los mártires Marcellinus y Petrus (este último también conocido como Petrus, el exorcista), cuyos restos reposan en el interior.

830 d. C. fue el año en que se comenzó a erigir este edificio, como ya se ha dicho, bajo instrucciones de Einhard, el hombre que recibió estas tierras como regalo a la lealtad prestada a Carlomagno. Ante tales acontecimientos es imposible mantener una actitud indiferente, mucho menos si se habla de una acumulación de tiempo de dicha envergadura. Baste con pensar que en esos mil doscientos años sus muros lo han atestiguado todo, desde la gloria del imperio carolingio hasta la Guerra de los Treinta Años, por mencionar algunos de los eventos más trascendentes en la historia de Europa. Ello queda revelado en algunos de sus acabados, en detalles aparentemente ínfimos que sin embargo obedecen a estilos arquitectónicos diversos, ora propios del gótico, ora barrocos o pertenecientes a la época de la Restauración.

Monasterio benedictino

Decenas de árboles frutales, incontables tipos de especias, panales rebosantes de miel de abeja… al parecer no hay nada que la madre naturaleza ofrezca y que se de en la región que no haya sido aprovechado y multiplicado por los monjes benedictinos. En realidad el monasterio, establecido en la misma época que la Basílica de Einhard (siglo IX), con la que delimita, fue disuelto en 1803. En cualquier caso, el jardín monástico permanece incólume al paso de los siglos y su visita es imperativa, sobre todo en las estaciones del año en las que es posible apreciar la manera en que sus caminos enmarcados por flores de vivas tonalidades contrastan con las bellas esculturas de querubines situadas a un lado de la escalinata.

Las casas con entramado de madera: sello de la región

Es precisamente al situarse en medio de la Marktplatz o Plaza del Mercado, indudablemente el centro neurálgico de Seligenstadt, donde uno puede constatar a plenitud las razones por las que la ciudad es considerada una de las más bellas de la zona. En el ejercicio el visitante agradecerá que el sitio no haya sufrido los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. De lo contrario le sería negado el goce de observar el fantástico perímetro que rodea a la plaza y que está conformado por casas de entramado de madera, una junto a la otra, la mayor parte erigidas alrededor de los siglos XV y XVII.

Entre ellas, y formando esquina, se encuentra la llamada Einhardhaus o Casa de Einhard, la cual data de 1596. Esta construcción goza de un lugar especial no sólo por su antigüedad o la preciosidad de sus acabados, sino porque es precisamente en su fachada donde se encuentra pintada la cita de Carlomagno que dio nombre a la ciudad. Eso, como ya se ha dicho, de acuerdo a la leyenda. spanisch Ampliar imagen (© dpa) Madera, lodo y paja, ensamblados mediante un conocimiento arquitectónico que prevaleció por cientos de años, dieron lugar a estas casas de entramado que pueden hallarse por toda Alemania y cuya apreciación es solicitada por visitantes de todo el mundo. Los alemanes aficionados a estos verdaderos centinelas del pasado incluso han creado la Deutsche Fachwerkstraße –algo así como “la calle alemana del entramado de madera”-, consistente en nueve rutas que incluyen a más de cien ciudades que son famosas por poseer casas de este tipo. Entre ellas, por supuesto, se halla Seligenstadt.

Bendito adiós

No son pocos los que al despedirse de Seligenstadt lo hacen también de Hesse. Y es que basta con cruzar el Meno para oficialmente pisar el Estado federado de Baviera. Para conseguirlo, únicamente se tiene que caminar la ciudad cuesta abajo a lo largo de la calle principal, en dirección al río, y tomar el ferry –con servicio de transportación de personas, bicicletas y automóviles- que va de una orilla a otra varias veces al día.

Pero antes de hacerlo, bien vale el esfuerzo despedirse de la ciudad echándole al menos un vistazo a los restos del romanische Palatium, conocido también como Rotes Schloss (Palacio Rojo), el cual fue levantado por voluntad del emperador Federico Barbarroja a finales del siglo XII. 

De lo que fuera este imponente edificio quedan apenas partes de la fachada principal sobre la que se dibujan bellos arcos tallados, como era de esperarse, en piedra Buntsandstein. Al mirarlos uno podrá imaginar lo que era vivir en Seligenstadt en la época de Barbarroja, o incluso antes, previo a la llegada de Einhard, por allí del año cien, cuando en toda la zona no había más que una fortaleza militar romana que respondía a las órdenes de Marco Ulpio Trajano.

Aunque, si se piensa bien, es de optimistas mirar también hacia el futuro. Pensar que sería posible volver a esta ciudad en 2015, cuando se celebren nuevamente y como cada cuatro años la fiestas populares, conocidas como Geleitsfestes o “festejos de la escolta” o, si el tiempo apremia, ya para el próximo febrero, cuando Seligenstadt tendrá época de carnavales, siempre motivo de fiesta y algarabía en un sitio que, como su nombre, se halla tan lleno de bendiciones.

  Carlos Jesús González Ampliar imagen Carlos Jesús González (© Carlos Jesús González) Carlos Jesús González, en exclusiva para CAI, -reposición- 2017.

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