Scheunenviertel, centro de la vida comunitaria judía en la capital alemana

Paco Arteaga -Hace tres cuartos de siglo, un día como hoy -20 de enero-, tuvo lugar la Conferencia de Wannsee (a las afueras de la actual capital alemana), en la que se terminó de escribir el guión final del Holocausto judío. Un episodio vergonzoso en la historia de Alemania. Pero una oportunidad también para recordarnos que, si preservamos la memoria de nuestra oscuridad, ésta puede tornarse en luz y vida otra vez. Un paseo por el centro de la vida comunitaria judía en el Berlín de hoy. 

No podemos negar la importancia que la tradición judía ejerce en la ciudad. Aunque el barrio original desapareció en su momento, la cultura hebrea ha sabido renacer de sus cenizas en Berlín. Visitar cada barrio en Berlín supone un viaje en el tiempo. Monumentos, edificios y museos confrontan pasado y presente con diferencias y rasgos insólitos. Repasamos los rincones esenciales de Scheunenviertel, barrio neurálgico de la comunidad judía en Berlín.

Retos y prosperidad en el Berlín de los judíos

Según datos históricos, la presencia judía en Alemania se remonta al Imperio Romano. También queda documentada la existencia del colectivo hebreo en el siglo XIII, cuando se fundó Berlín. 

La historia moderna de la comunidad judía comienza en 1671, en el momento en que el príncipe elector Federico Guillermo I concede el permiso de asentamiento a 50 familias judías -procedentes de Viena- en el arrabal de Spandau (Spandauer Vorstadt), un conjunto de viviendas miserables en las que se las ingeniaron para vivir miles de emigrantes, hoy norte del barrio -cada vez más señorial-de Mitte.

Sólo un hijo de cada una de aquellas familias podía casarse en Berlín y formar otro hogar; les estaba prohibido dedicarse a la agricultura, a la artesanía y al comercio de determinadas mercancías, así como fundar una sinagoga. Sin embargo, el gueto superó las adversidades y prosperó. spanisch Ampliar imagen (© dpa) Su contribución al desarrollo económico y social es innegable; sin embargo, alcanzar ciertos derechos fue lo duro. El permiso para abrir la primera sinagoga se obtuvo en 1714 y la concesión de la ciudadanía prusiana en 1812 con la Declaración de Emancipación, aunque no sería hasta la Constitución de Bismarck de 1871 que los judíos obtuvieron una equiparación legal con el resto de la población. Pero todo acabó con la ascensión del nazismo.

En 1925 vivían en Berlín más de 170,000 judíos, un tercio del total de esta comunidad residente en Alemania. En 1946 se contabilizaron 6,000 judíos en Berlín. Hoy tiene más de 12,000 miembros censados, muchos procedentes de Rusia, aunque los no censados –sostienen- se contabilizan igualmente por miles.  

Judíos ilustres que en algún momento de sus vidas  unieron su destino a la ciudad fueron Moses Mendelßohn, Max Reinhardt, Bruno Walter, Max Liebermann, Albert Einstein, Rosa Luxemburg o Kurt Tucholsky. El Museo Judío da buena cuenta de ello.

Una vuelta por el Kiez

La mayor parte de las sinagogas, escuelas, centros culturales, guarderías y cafés se encuentran hoy en lo que fue el antiguo barrio judío situado en Mitte y delimitado por las calles Linien, Rosenthaler, Alte Schönhauser y el parque Montbijou. Tras la caída del muro era todavía una zona de edificios ruinosos que los artistas ocuparon dotando a la ciudad de una corriente cultural alternativa.

De aquel movimiento recién cerró sus puertas Tacheles (mito de aquella manifestación subversiva), sus últimos coletazos en 2012. Los edificios han sido restaurados y los alquileres indican a muchos que no pueden permitirse vivir aquí.

Oranienburger Str., escenario de la Noche de los cristales rotos (1938) que acabó con gran parte de los símbolos judíos de Berlín, fue la avenida principal del barrio judío. De estilo neomorisco bizantino, la Nueva Sinagoga (construida entre 1859-1866) ubicada en esta calle, con su cúpula dorada -abierta al público entre abril y septiembre- se salvó en esta ocasión de las llamas, pero no de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. De la estructura original conserva la fachada y parte de la estructura.

Con aforo para 3,200, personas fue durante algún tiempo la más grande de Europa. Restaurada en 1991 y reabierta en 1995, hoy es sede del centro de información Zentrum Judaicumy de una exhibición que contempla la vida de los judíos en Berlín entre 1866 y 1995. 

No muy lejos alcanzamos laLeo-Baeck-Haus(Tucholskystraße 9), sede del Consejo Central de los Judíos en Alemania, del Congreso Judío Europeo y del semanario Allgemeine Jüdische Wochenzeitung

Sugerencias y recomendaciones

El barrio está sembrado de bares, restaurantes, galerías, cafés y patios, símbolos de la arquitectura berlinesa del siglo pasado. Uno imagina su vida en el patio. Y sobre todo lo que costaría el alquiler. Hackesche Höfe, laberinto de 8 patios comerciales, comunican Rosenthaler Str. con Sophienstraße. spanisch Ampliar imagen (© dpa) En el recorrido descubrimos maravillas como la fachada de azulejos art nouveau del Hof I, obra de August Endell, o la rosaleda del Hof VII con barandillas de filigranas florales metálicas en dorado, entre tropel y tropel de turistas. 

Encontramos los Sophie-Gips-Höfe entre las calles Sophien y Gips, y los Heckmannhöfe, enlanzando Oranienburger Str. y August. Además del teatro de marionetas Firlefanz en el número 10 de la calle, Sophienstraße brilla cada diciembre con su mercadillo de navidad, uno de los más especiales y no excesivamente masivos de la ciudad.

Aunque no hemos contabilizado el número de galerías de arte que hay por cada metro cuadrado en este barrio, deben ser, sin duda, muchas: Sara Asperger (Sophienstraße 18) o Eigen + Art (Auguststraße 26), entre otras, tienen su sede aquí. Junto a C/O Berlin (Oranienburger Str. 35/36, centro especializado en fotografía), el instituto de arte contemporáneo Kunst Werke (KW, Auguststraße 69), es otro de los espacios artísticos imprescindibles no sólo del barrio, sino de la ciudad. 

Además, KW cuenta con un pabellón de cristal convertido en café en el patio. El museo Blinderwerkstatt Otto Weidt (Rosenthaler Str. 39), sede también del Anne Frank Zentrum, alberga una pequeña exposición dedicada a un fabricante de escobas y cepillos que consiguió salvar a muchos de sus trabajadores judíos, en su mayoría ciegos y mudos.

Además…

Como cabría esperar, los Stolpersteine (cubos de latón a modo de adoquines en plena calle, obra del artista Gunter Demnig, que conmemoran la deportación y muerte de víctimas del nacionalsocialismo) abundan en la zona. 

Del restaurante-sala de fiesta, baile y conciertosClärchens Ballhaus (Auguststraße 24), nos gusta casi todo. Montbijoupark, además de oasis en el límite oeste del barrio, ejerce también de teatro y de ópera al aire libre durante el escueto verano berlinés. Siguiendo el rastro de lo hebreo, en el restaurante Kadima (Oranienburger Str. 28) es posible pedir vinos de Israel y alimentos Kosher.

Si no encuentras en la librería Do you read me?! (Auguststrsse 28) esa revista especial de moda, arquitectura, fotografía, arte, cultura, sociedad o diseño, es que no existe. Admiten pedidos online. Zosch (Tucholskystrasse 30) es más que un café con personalidad y experiencia; esta Kneipe de aspecto usado, abre todos los días a partir de las 16h y mantiene de forma regular una programación de actuaciones de jazz en directo. También sirven Kleinigkeiten para matar el hambre.

En el café restaurante Sophieneck (Große Hamburgerstraße esquina Sophienstrasse) preparan cocina fresca, regional e internacional en un ambiente de iluminación sutil proclive a la intimidad. 

Y si no tienes tiempo para explorar cada local ni sabes exactamente qué recomendación se ajustaría mejor a una experiencia en exceso satisfactoria, olvídate de todo lo que has leído hasta el momento y dirígete al Beth Café: cruza su entrada y estarás directamente en Israel. Una atmósfera realmente lograda. Y además del contenido de la carta, expenden productos típicos. Además…

Tolerancia, respeto, recuerdos

Como ejemplo de tolerancia religiosa y de vida compartida entre distintas confesiones, en Große Hamburger Straße se sitúa el St-Hedwigs-Krankenhaus (católico), la Sophienkirche (protestante) y la Schule der Jüdischen Gemeinde (Escuela de la Comunidad Judía). Junto a la escuela existe un jardín que en su día fue el primer cementerio judío (Jüdischer Friedhof, 1672). spanisch Ampliar imagen (© dpa) Sin abandonar la calle, el grupo escultórico de Will y Mark Lammert (1985) conmemora a los 55,000 judíos deportados de Berlín. La casa desaparecida,Große Hamburger Straße 15 y 16, no ha sido reconstruida; guarda así la memoria de los civiles muertos en los bombardeos de la guerra. Las placas con los nombres y profesiones de sus inquilinos se añadieron en 1990 por el artista francés Christian Boltanski. 

En Koppenplatz tropezamos con La habitación abandonada(1997): una mesa y dos sillas, una de ellas tirada en el suelo, simbolizan la huída abrupta de miles de judíos durante el Tercer Reich. 

Paco Arteaga Tacoronte Ampliar imagen Paco Arteaga Tacoronte (© Paco Arteaga Tacoronte) Paco Arteaga Tacoronte, en exclusiva para CAI, -actualización- enero 2017.

***Paco Arteaga es periodista, fotoperiodista, proofreader y amateur perpetuo. Ha trabajado para revistas de moda, arte, tendencias y estilos de vida, agencias de noticias, de publicidad y de comunicación. Reside desde hace algunos años en Berlín, ciudad en la que —entre otros proyectos— ha cofundado Berlín Amateurs, donde también se las apaña como editor. Su blog personal.

www.berlinamateurs.com


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